domingo, 27 de febrero de 2011

Compréndeme.

Sí, soy la típica persona que llora con cualquier película. Y no, no creo que sea ningún defecto, ni que sea más inmadura por ello. Creo que, por llamarlo de alguna manera, es un don: te pones en el papel de alguien, y sufres como esa persona. Ojalá todo el mundo pudiese ponerse en la piel de la gente y comprender.. sobre todo eso, comprender. Comprender por qué lo pasan mal, comprender por qué lloran sin motivo aparente, comprender...

domingo, 20 de febrero de 2011

Película: The holiday




He comprobado que casi todo lo que se ha escrito sobre el amor es cierto. Shakespeare dijo: “Los viajes terminan con el encuentro de los enamorados” ahh que idea más extraordinaria. Personalmente nunca he experimentado nada ni remotamente parecido a eso, pero estoy convencida de que Shakespeare sí. Supongo que pienso en el amor más de lo que debería. Me admira constantemente su abrumador poder de alterar y definir nuestras vidas. También fue Shakespeare quién dijo que el amor es ciego. Pues bien, estoy segura de que eso es verdad.
♪♫
Para algunas personas, de forma inexplicable, el amor se apaga. Para otras, el amor sencillamente se va. Si bien es cierto, por supuesto, que el amor también puede encontrarse, aunque sea solo por una noche.
Sin embargo, existe otra clase de amor, el más cruel, aquel que prácticamente mata a sus víctimas. Se llama amor no correspondido, y en ese apartado soy una experta.
La mayoría de historias de amor hablan de personas que se enamoran entre sí, pero qué pasa con los demás, ¿quién cuenta nuestra historia? La de aquellos que nos enamoramos solos. Somos víctimas de una aventura unilateral, somos los malditos de los seres queridos, los seres no queridos; los heridos que se valen por sí mismos, los discapacitados sin plaza de aparcamiento reservada. Sí, estáis viendo a una de estas personas. He amado por voluntad propia a ese hombre durante tres amargos años, sin duda los peores de mi vida; las peores navidades, los peores cumpleaños, Nocheviejas que acaban con lágrimas y valium . Estos años que he estado enamorada han supuesto los días más nefastos de mi vida y todo porque he sufrido la maldición de enamorarme de un hombre que no puede ni quiere corresponderme. Oh Dios, nada más verle se me acelera el corazón, siento un nudo en la garganta, no puedo ni tragar

martes, 1 de febrero de 2011

Juegos: Monkey Island.





La historia de este videojuego trata de Guybrush Threepwood, un joven que intenta convertirse en el pirata más temido del Caribe, enfrentándose al malvado pirata LeChuck y conquistando el corazón de la gobernadora de la isla Mêlée, Elaine Marley.



La mejor parte de este videojuego es la lucha de insultos. Os los copio:





- ¡Llevarás mi espada como si fueras un pincho moruno! / Mi lengua es más hábil que cualquier espada.
- Primero deberías dejar de usarla como un plumero.

- ¡Luchas como un granjero! / ¡ Ordeñaré hasta la última gota de sangre de tu cuerpo !
- Qué apropiado, tú peleas como una vaca.

- ¡No hay palabras para describir lo asqueroso que eres! / Ya no hay técnicas que te puedan salvar.
-Sí que las hay, sólo que nunca las has aprendido.

- ¡He hablado con simios más educados que tu! / Ahora entiendo lo que significan basura y estupidez.
- Me alegra que asistieras a tu reunión familiar diaria.

- ¡No pienso aguantar tu insolencia aquí sentado! / ¡ Eres como un dolor en la parte baja de la espalda !
- Ya te están fastidiando otra vez las almorranas, ¿Eh?

- ¡Mi pañuelo limpiará tu sangre!/ Mi nombre es temido en cada sucio rincón de esta isla.
- Ah, ¿Ya has obtenido ese trabajo de portero?

- ¡Ha llegado tu HORA, palurdo de ocho patas! / Hoy te tengo preparada una larga y dura lección.
- Y yo tengo un SALUDO para ti, ¿Te enteras?

- ¿Has dejado ya de usar pañales? / Espero que tengas un barco para una rápida huida.
- ¿Por qué? ¿Acaso querías pedir uno prestado?

- ¡Una vez tuve un perro más listo que tu! / Sólo he conocido a uno tan cobarde como tú.
- Te habrá enseñado todo lo que sabes.

- ¡Nadie me ha sacado sangre jamás, y nadie lo hará! / Nunca me verán luchar tan mal como tú lo haces.
- ¿TAN rápido corres?

- ¡Me das ganas de vomitar! / Si tu hermano es como tú, mejor casarse con un cerdo.
- Me haces pensar que alguien ya lo ha hecho.

- ¡Tienes los modales de un mendigo! / Cada palabra que sale de tu boca es una estupidez.
- Quería asegurarme de que estuvieras a gusto conmigo.

- ¡He oído que eres un soplón despreciable! / Mi espada es famosa en todo el Caribe -¡ Mi nombre es temido en cada sucio rincón de esta isla !
- Qué pena me da que nadie haya oído hablar de ti

- ¡La gente cae a mis pies al verme llegar! / Mis enemigos más sabios corren al verme llegar - Veo gente como tú arrastrándose por el suelo de los bares.
- ¿Incluso antes de que huelan tu aliento?

- ¡Demasiado bobo para mi nivel de inteligencia! / ¡ Tengo el coraje y la técnica de un maestro !
- Estaría acabado si la usases alguna vez.

Y claro, está la mítica respuesta a cualquier insulto.

¡Tú eres cola, yo pegamento!



jueves, 7 de octubre de 2010

Relatos breves: El hombre de mis sueños.

El hombre de mis sueños, Rosa Montero

Es uno de esos ascensores de acero desnudos y herméticos. No hace frío aquí dentro, pero las paredes despiden un aliento gris y glacial, como de congelador de un matadero de reses. Subimos y subimos, y lo único que me hace percibir el desplazamiento es el parpadeo luminoso del contador de pisos electrónico: vamos por el segundo, por el tercero, por el cuarto. El hombre que entró justo antes de que se cerraran las puertas está junto a mí, pero sólo le veo los zapatos; en un ascensor, y con extraños, uno siempre mira al suelo o al cielo. Lleva unos mocasines marrones no demasiado limpios, pantalones de pana.
Pasamos por el quinto sin parar. No recuerdo qué botón ha apretado el desconocido. Pero no, un momento: ahora caigo en la cuenta de que no ha pulsado ningún piso. Siento frío, más frío, el aliento helado de] metal. Levanto la cara: él me está mirando. Debe de tener más o menos mi edad: el pelo canoso, el perfil seco y duro, los labios cruzados por una pequeña cicatriz. Pero ahora acaba de sonreír, y ese mínimo gesto le ilumina la cara, hasta el punto de que también a mí me entran ganas de reír, como si mi rostro fuera un espejo. El sexto piso, el séptimo. Nos miramos y sonreírnos como bobos, instalados en un tiempo interminable. Al fin él levanta el brazo con lentitud submarina. Va a acariciarme la mejilla, pienso con delicioso estupor, va a acariciarme. Su boca sonríe aún; sus dedos rozan mi cuello. Y en este justo instante comprendo que en realidad va a estrangularme. El contador electrónico de pisos contempla la escena desde
arriba, como el ojo enrojecido de un dios maligno.
Siempre me despierto en ese momento; pero sé, con total certidumbre, que estoy muerta. Que me han asesinado una vez más mientras dormía. Que el hombre del ascensor ha vuelto a hincar sus uñas en mi cuello. Llevo años sufriendo esta pesadilla.
Si hoy escribo sobre ello es porque en los últimos días han sucedido cosas. Lo he visto. Le conozco. Su boca de labios rotos me ha besado, y fue como besar un carbón al rojo. Mi asesino del ascensor existe, o al menos existe un hombre con sus rasgos. Nos encontramos por primera vez en la puerta del despacho de abogados en donde me leyeron el testamento de mi padre. Salíamos los dos con prisas del lugar y casi chocamos; él me sujetó un instante por los hombros, yo le miré la cara y me quedé aterrada. Fue tal la impresión y el desconcierto que escapé corriendo escaleras abajo. Tropecé, caí, él intentó ayudarme; me defendí de su solicitud manoteando al aire como una demente, hasta que conseguí ponerme al fin en pie y salir huyendo.
Siempre me han interesado las coincidencias. La vida, informe y ciega, parece a veces revelar, en un fogonazo, una organización incomprensible pero precisa, del mismo modo que un rayo de sol pone súbitamente de manifiesto, frente a ti, la estructura liviana y cristalina de una tela de araña: ese esplendor geométrico ondeando en el aire allí donde tú pensabas el instante anterior que no había nada. Pues bien, yo tengo mi tela de araña particular. Números que me persiguen, palabras que se repiten, situaciones ya vistas. Y el asesino de mis sueños, irrumpiendo ahora en mi vida diurna.
El psiquiatra decía que mis colecciones de coincidencias no probaban el orden del Universo, sino más bien el desorden de mi mente. Pero todas esas raras concordancias, esos ecos, no pueden ser casuales. Tal vez nuestras existencias como humanos no sean más que tontos juegos de ordenador jugados por niños descomunales. Eso explicaría que existan personas con tan inconcebible mala suerte; e individuos tocados por la fortuna. Todo dependería del niño que te juega: de su estupidez o su crueldad. Mi niño, si existe, es un perverso.
Por ejemplo, me parece una perversidad que el hotel en el que estoy alojada se llame Tulipán, igual que la calle en la que estaba la casa de mi infancia. Es una maligna coincidencia, porque de aquella casa salió mi padre. una mañana de verano, cuando yo tenía ocho años para no regresar. No volví a saber nada más de él durante treinta años, hasta que me llamaron unos abogados de la costa, hace un par de semanas, para comunicarme el fallecimiento de mi padre y mi condición de única heredera.
Por eso estoy aquí, de nuevo en un lugar llamado Tulipán, un nombre ridículo. El hotel se encuentra en el extremo de la playa y es una destartalada torre moderna, una de esas construcciones turísticas baratas que parecen viejas y ruinosas desde el mismo día en que se inauguran. Estoy alojada en el piso quince, que es el último, lo cual resulta verdaderamente un poco raro, puesto que soy la única huésped del establecimiento. Esto también debe de ser perversidad, pero por parte del conserje. Estamos a final de temporada; las nubes arremolinan, la Costa está desierta, el hotel cerrará la semana que viene. Creo que sólo quedan dos empleados: el conserje malévolo y una camarera-cocinera. Nunca les veo. Hoy he tenido que meterme en la cocina para conseguir el café del desayuno. Vivir en este hotel es como habitar una ciudad vertical de la que todo el mundo ha desertado. Todos han huido menos yo, que no supe. Estoy en la víspera de mi
Apocalipsis.
Le volví a encontrar pocas horas' después. Me estaba tomando una copa en la única terraza del Paseo Marítimo que todavía no ha cerrado, y él pasó delante de mi. Me reconoció y sonrió, tal vez curioso, tal vez aburrido. Yo estaba envalentonada por la ginebra, y además temía que mi comportamiento de esa mañana le hubiera parecido propio de una loca furiosa. Por no mencionar que su simple sonrisa hacía que me bailara una risa en la cara, como si mi rostro fuera un espejo.
Fue él quien habló primero: se interesó por mi tobillo, ni¡ caída, mis prisas. Se sentó junto a mí con toda naturalidad, como si el lugar le perteneciera. Yo empecé pidiéndole vagamente disculpas por mi actitud anterior; y luego, todavía no sé por qué, le conté todo. No lo del sueño, por supuesto, sino lo de mi padre. Me ha dejado en herencia un apartamento horrendo con vistas al mar gris y un sobre grande de papel de estraza. Pero dentro no había una carta, ni una nota, ni una simple frase de explicación. Sólo un periódico mustio y arrugado, un ejemplar del día en que nací. Lo he mirado enteró: no oculta secretos. Lo he roto en cachitos y luego lo he quemado, antes de pedirme la tercera ginebra. Eso es lo que le conté al hombre en la terraza. Eso y otras cosas.
Él, por el contrario, no habla mucho. Me dijo que era abogado, y que trabajaba en el despacho a la puerta del cual habíamos chocado; pero, aparte de proporcionarme esa nimia información, lo único y lo mejor que ha hecho es escuchar. Lleva tres días escuchándome, sonriendo de cuando en cuando con su boca herida, arropándome con su chaqueta de lana contra el afilado y húmedo viento de otoño. Tiene unas manos fuertes, tibias, suaves. Unos dedos largos con los que recoloca mi pañuelo de gasa y me roza el cuello.
Debería haberme ido ya a la ciudad: nada me queda por hacer en la costa. Pero tampoco tengo nada que hacer en ninguna otra parte. Mi vida es un paisaje tan vacío y brumoso como la playa en la que estoy ahora sentada: la niebla ha descendido sobre el mar de mercurio y ya no se distingue el horizonte. En mitad de este desierto en blanco y negro que es el mundo para mí, sólo él tiene color. Le veo silueteado en rojo, la tonalidad de la pasión. O de la sangre. Hace unas pocas horas, después de almorzar juntos, me ha besado; yo gasté mis últimas fuerzas en salir corriendo. Luego le he telefoneado desde el hotel y le he dicho que venga. Ahora le estoy esperando y aún me abrasan los labios. No se puede evitar lo inevitable.
También telefoneé al despacho de abogados. Como me suponía, ni trabaja allí ni le conoce nadie. Por eso estoy escribiendo estas páginas: las dejaré sobre el vacío mostrador de recepción antes de subir con él en el ascensor revestido de acero. Un ascensor hermético, como la cámara frigorífica de un matadero. Aquella casa de la calle Tulipán fue también el lugar en que nací: a mi perverso jugador le gustan las simetrías. Ya le veo, ya llega el hombre de mis sueños, saliendo de la niebla y de mi destino. He escrito muchas cartas de amor a lo largo de mi vida; pero creo que esta que acabo de terminar es la más hermosa

domingo, 20 de diciembre de 2009

Navidad

Opino que la navidad ya no existe, no existe ese espiritu que tenia de pequeña, no existe nada, porque ya ansiamos ese día específico por algo: 5 regalos que pediste a tus familiares para las fiestas de "Papa Noel", por cierto, ¿ese qué pinta en la navidad?
Alguien el dia 25 se acuerda de lo que estamos celebrando? Porque el día 24 todos comemos con nuestros familiares, te acuestas "pronto" para ver esos regalos que pedistes, pero... ¿alguien se acuerda de por qué celebramos todo esto este día? Alguien sienta la cabeza, deja de pensar en sí mismo y piensa: "¡Que coño pasa aqui!" Nadie piensa que el "Papa noel" no pinta nada en Navidad, porque... qué tiene que ver Jesucristo con este hombre? NADA.
Ahora solo se piensa en comprar un buen regalo, y que sea barato, claro. Porque cuando yo tenia 5 años me acordaba de el verdadero significado de la navidad, y ahora QUÉ ESTÁ PASANDO??? No lo sé, pero esto es difícil de expresar, pero la navidad se está convirtiendo en algo totalmente pagano; algo totalmente diferente a lo que debería ser, y luego, te regalan algo, dices "-¡Qué bonito!" y no lo vuelves a ver en tu vida. ¿Por qué? porque estás aqui, delante del ordenador, en el facebook, en el tuenti, en las redes sociales, y ya no vas a utilizar eso que te regalaron. Si intentas decirles que no quieres nada no te hacen caso e igualmente compran lo que quieren.
Por eso pienso que en estas fiestas solo nos interesan porque no vamos al colegio o no trabajáis; que nos dan regalos y que comemos. Esto es penoso, y la sociedad avanza, y esto con ella...
PD: A que no cuesta tanto leer?? Pues deberías hacerlo mas a menudo...